Corrió Rosita, una niña de escasos 10 años, hacia su papá -un líder sindical-, mostrándole jubilosamente su boleta de calificaciones. El padre tomó la boleta, la leyó y de pronto, con enojo, le dijo a su hija. "Mira, aquí tienes un seis de calificación.....¿Qué te pasó?".
La niña con mucha madurez para su edad, le contestó al padre: "Papá, por qué sólo miras ése seis en deportes, y no te fijas en todos los nueve y dieces que saqué en las demás materias".
Esa respuesta trae a la mente la actitud de muchos lìderes que en un jardìn no ven las flores, sino el estiercol que hay en un rincòn; que no ven los aciertos, sino las fallas; que no construyen, sino que dstruyen. Qué diferencia con el liderazgo de Jesús, que convivìa, con pecadores, borrachos, prostitutas, leprosos, enfermos, discapacitados y con la gente màs rechazada, pero no veía en ellos sus debilidades sino sus fortalezas. Por esa capacidad de ver fortalezas en los demás, Jesús "pudo salvar lo que se había perdido".
¿Qué es lo que ves en tu jardín, en tú casa, en tú trabajo, en los demás?
"Los líderes que inspiran son aquéllos que ven lo mejor que hay en los demás".
"Encuentra la paz que tu alma busca".
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